sábado, 7 de junio de 2008

¿Mi hijo mal nutrido?




No, no lo creo. En realidad nunca me lo pregunté. Parece ser muy saludable...


Como todo padre, seguro que buscamos siempre lo mejor para nuestros hijos. Unos seremos más exagerados y hasta obsesivos, otros menos, pero a todos nos preocupa que no les falte nada... ¡y menos salud!

Malnutrición se asocia muy rápidamente con desnutrición. ¿A quién no le vienen a la mente esas imágenes, que tan seguido vemos en los medios de comunicación, de niños tan delgados que muestran bajo su piel un perfecto mapa del esqueleto humano?

Sí, esa es una forma de malnutrición, quizás la más evidente, pero no la única...

La obesidad (o sin ir tan lejos el sobrepeso) también es malnutrición. Tal vez creamos que si hay un cuerpo que está sobre-alimentado es porque no ha de faltarle nada. Pero ¿qué hay de importante en cuanto a la calidad de esa sobrealimentación? A pesar de ser más de lo necesario ¿es suficiente en todo para ese niño?

Existen condiciones conocidas por todos que también son formas de malnutrición. Por ejemplo la anemia, que puede deberse a una falta de hierro, ácido Folico o Vitamina B12 en la alimentación. Pero la anemia no se ve de afuera y, si no es muy grave, tampoco se siente uno cansado o con otros síntomas que la delaten... Este es un claro ejemplo de lo que se denomina DESNUTRICIÓN OCULTA. Y en nuestro país son las que más abundan.

Éstas afectan a la gente muy pobre, poco pobre, no tan pobre, los que no tienen problemas económicos y también a aquellos que no saben qué hacer con su dinero.

Cuando nos sentamos a la mesa, ¿estamos seguros de lo que hay sobre ella? ¿Cubrirá lo que nuestros hijos necesitan para que puedan crecer todo lo que genéticamente les corresponde, para que puedan alcanzar todas las cualidades de pensamiento que progresivamente deben ir desarrollándoseles?

Nuestros días tienen una constante: "correr". No se sabe hacia dónde, ni qué es lo que queremos alcanzar, pero todo debe ser lo más rápido posible. De esta cultura surge lo que todos conocemos como fast food o comida rápida, que no se limita a la que podemos comprar en numerosos comercios, envueltas en atractivos colores, o a los delivery, sino también a aquellas que salen de nuestras hornallas.

Por otro lado la publicidad nos insta a que consumamos productos alimenticios que estimulan nuestros sentidos, pero que quedan muy alejados de la definición de alimento, que lo describe como aquel que debe estimular el desarrollo de todo nuestro organismo.

Seguro que no es una tarea fácil "comer bien". Pero sí podemos informarnos para elegir por nosotros mismos. Siempre hay una mejor opción.

Reflexionemos: que no les falten las herramientas para crecer, luego ellos elegirán su camino. Pero quedémonos tranquilos con que les hemos ayudado a que desarrollen toda su capacidad para poder decidir lo que para ellos será lo mejor.

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