domingo, 4 de julio de 2010

¿Desde dónde pensarnos?


Somos sujetos de la cultura, de la sociedad y también de la naturaleza.

Somos seres biológicos y culturales.

Somos y actuamos persiguiendo satisfacer necesidades tanto biológicas como sociales.

Constantemente somos individuos actuando dentro de un entorno, el cual nos modifica y al cual modificamos.

Pensando en nuestras necesidades nutricionales y alimentarias, nos encontramos con que, también éstas, nos llevan a buscar satisfacciones biológicas y sociales. Por lo tanto, cuando nos detenemos a analizar las cuestiones nutricionales como: cubrir los requerimiento proteicos, vitamínicos o buscar un balance energético entre el consumo y la ingesta, deberíamos dedicarle el mismo tiempo... o más... a los factores que nos hacen elegir lo que comemos, cómo lo comemos, por qué me gusta o me ha dejado de gustar, con quien me da placer compartir la mesa o con quien no..

Podemos decir que un ALIMENTO:

1. contiene nutrientes que son necesarios para el crecimiento de estructuras, el mantenimiento de todos los sistemas y el desarrollo del individuo

2. es un transmisor de costumbres, cultura y afecto

3. y representa un momento compartido y proporciona disfrute

Y que cuando elegimos qué comer entran en juego varios factores:

1. los alimentos de los cuáles disponemos,

2. la accesibilidad económica a los mismos y

3. las pautas de alimentación.

Estas pautas son costumbres, “a lo que estamos acostumbrados”, y se llaman HABITOS ALIMENTARIOS.

Son estos hábitos lo primero a tener en cuenta al momento de querer armar una dieta, plan alimentario o, sencillamente, nuestra comida de cada día.

Al mismo tiempo debemos tener presente que la comida es uno de los pocos placeres que nos podemos dar a diario (los que podemos) y todo lo que rodea al acto de comer la hace más saludable. Hablamos de tranquilidad, de una charla con buena compañía, de mimos, de repetir recetas de la abuela, de compartir y de evitar que sea tan sólo un trámite... pues no lo es.

Reivindicar el placer, el sano placer por la comida es la propuesta que dejo en estas líneas. Recuperar la satisfacción de quitar el hambre, y no comer por el sólo hecho de comer, nos hace volver a lo primitivo... y nos recuerda que somos humanos.